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SUCESO EN TEXAS (CAP. 12)

El suceso de Texas ha sido terrible y mucho más si miramos más allá de las víctimas de Salvador Ramos. Cuatro días antes de la horrorosa masacre había publicado en Instagram fotografías de dos escopetas semiautomáticas que compró justo después de cumplir los 18 años el pasado 16 de mayo, de algún modo estaba anunciando lo que iba a hacer, de hecho se lo dijo a una amiga; la calavera bajo su foto también habla de su estado interno.

Disparó a su abuela antes de matar a los 19 niños y a las dos profesoras del colegio donde estudiaba secundaria; estaba inmerso en la oscuridad.

Salvador era un adolescente solitario que había sufrido Bullying de niño durante años por su tartamudeo y su ceceo; la ira y el odio reprimidos por la crueldad sufrida no estaban gestionados y sus heridas no estaban integradas, la maldad lo envenenó y se apoderó totalmente de él, en su inconsciente sintió que mataban su inocencia y él ha asesinado conscientemente y a sangre fría, desde ese sentir de su herida inconsciente, a todos esos niños inocentes y a las dos adultas responsables de ellos, yo lo veo claro.

No me gustaría que mis palabras se tomasen como una justificación a lo que hizo Salvador, pero sí vuelvo a repetir lo que he dicho infinidad de veces, la educación emocional, la gestión, la integración emocional son urgentes, de ello depende nuestra salud mental. Si no aprendemos qué, porqué y cómo sentimos, ni cómo llegar a la calma, la locura y la tragedia suceden tristemente y cada día más, porque las nuevas generaciones nacen con una sensibilidad más fuerte que no les permite guardar dentro lo que sienten y el estrés que vivimos como sociedad no ayuda en absoluto, hoy tenemos un niño en casa y mañana puede ser un asesino o un suicida, es la cruda realidad.

Y como ha comentado mi compañera de clase: «Lo más controvertido de todo esto es que dentro de una semana ya no será noticia este hecho….y casi con toda probabilidad se seguirán vendiendo armas, así como quien habla de pan…» Esta es la otra gran locura de esta historia.

Como dice Carmen: «El niño herido y desprotegido puede reproducir y proyectar su flor al exterior. Es evidente y la sociedad no lo quiere ver.»

Otra amiga, Lola, me ha dicho: «Comparto tu opinión. Sé que no es fácil una mirada de amor sobre quien ha hecho algo así, pero es justo lo que a mí también me sale. Estoy con todos los involucrados. Todos sin excepción.» Le he dicho que yo ya no se mirar sin ampliar el espectro.

Foto de Elti Meshau en Pexels

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