UNA LOCA FELIZ

DIA 5

Gloria tenía el tiempo justo para escribir aquella mañana, pero se había comprometido consigo misma y no quería faltar a su cita.

Tenía que ir a Hacienda, dos años atrás había vendido la casa que tenía en común con el padre de sus hijos y le habían enviado una carta, así que no podía faltar.

Ella tomó la decisión de divorciarse, aún así no quería que su ex marido pagase una casa que no disfrutaba, no le parecía justo, ella era así, además de que era muy grande y prefería no tener nada a medias. Después de seis años, ahora tenían custodia compartida, así que fue una buena decisión, pensaba, ahora se hubiese tenido que ir de ella o pagarle su parte, cosa que no hubiese podido. Hubo quien le dijo que se equivocaba, igual que con lo de quedarse a vivir en Madrid, Gloria era de fuera, pero siempre lo tuvo claro, sus hijos necesitaban a su padre y él a ellos, por eso también había aceptado la custodia compartida ahora que él quería hacerse cargo. Sus hijos con 13 y 18 años estaban en una edad complicada y les iría bien, no porque él fuese el “malo” de la película, que no lo era, sino porque necesitaban límites, y no es que ella no intentase ponerlos, es que no funcionaban, así que cuando él se lo propuso, lo estuvo pensando y finalmente aceptó.

Tenía dos amigos a los cuales sus ex parejas no les habían dejado ver a sus hijos después de la separación, Gloria pensaba que no eran conscientes del daño que hacían a sus hijos con esa actitud, además de que por supuesto hacer eso no las convertía a ellas en mejores personas, pero cada uno con su conciencia.

Aquel día se sentía un tanto desolada, su panorama personal no era muy alentador, esas dos semanas al mes sin niños le venían bien porque tenía más libertad en cuanto al trabajo porque así no estaba pendiente de hacer comidas, ni tan preocupada de tener que dejar a la niña solita, ya que su hijo pasaba más tiempo en casa de su padre porque no le gustaba el pueblo donde vivía Gloria, pero sin pareja y con la familia lejos, muchas veces se sentía demasiado sola. Su economía tampoco era buena, sin la ayuda de sus padres le era imposible salir adelante, la casa la vendieron muy barata y apenas les sobró nada y ahora con la custodia compartida su ex marido no le pasaba nada, como era lógico, y luego también estaba su salud. Y bueno, el trabajo le gustaba, pero nunca sabía cuánto tendría, y valoraba la libertad que le proporcionaba, pero no tenía ni seguridad, ni estabilidad.

Aquel día volvía a pesarle un poco la vida, ser consciente de que era la única que podía mejorar su vida y sentirse así le hacía sentirse frustrada y con sensación de fracaso, y eso le producía cansancio, mucho cansancio. Había vuelto al gym porque su hijo le pidió ir con él, pero con el calor, él había dejado de ir y ella había perdido las ganas, eso también la hacía sentirse inconstante, además de culpable por pagar y no ir al final. Se sentía un desastre, aquel día estaba pesimista.

Su hijo a los 14 había dejado de hacer deporte, y no solo se había quedado sin masa muscular y había cogido muchísimo peso del sedentarismo, sino que con 17 años tenia principio de osteoporosis, lo vio en la Quantum, por eso al decirle que se apuntasen al gym, aceptó encantada, porque además de que a ella también le venía bien, no quería que por estar todo el día tirado jugando a la máquina, porque también había dejado de estudiar, terminase en una silla de ruedas. Ir juntos además les ayudó a volver a unir lazos, le vino bien a ambos. Pero no le motivaba ir sola.

Hoy día su hijo está genial, tiene 20 años y sigue estudiando, además de perder casi 40 kilos y seguir en el gym, Gloria le obligó a retomar los estudios, comprendió su rebeldía y lo dejó pasar un año sabático, pero luego le dijo que no quería verlo con 18 años tumbado en el sofá perdiendo su vida. Nunca lo había obligado a nada, pero ya no le iba a causar un trauma con la edad que tenía, había aprendido a ponerse en su sitio y también había perdido el miedo a dañar a sus hijos, se había dado cuenta de que ceder ante todo había sido un error porque así no los ayudaba. Nunca es tarde para aprender.

Él al principio le dijo que no iría a clase, pero ella le dijo que en casa no iba a estar, que podía quedarse paseando. A la semana de empezar el instituto se lo estaba agradeciendo, le dijo: Mama, ahora veo futuro.

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