UNA LOCA FELIZ

DIA 9

‘Si he de morir que sea viviendo’ lo he leído por ahí en un blog, no me ha dado tiempo a anotar la fuente. Ese era su lema, la pasión de vivir a pesar de todo.

Sintió vergüenza, había comenzado a escribir con la idea de hacer algo que pudiese ayudar a los demás a ser un poco más felices y al final era lo mismo de siempre, sus páginas eran un cubo de basura donde vomitar. Tenía miedo de que llegase un día en el que se rindiese y todo le diese igual, echaba de menos la alegría que parecía marcharse, la positividad que volvía a esfumarse y el optimismo que parecía decir adiós.

Facebook le volvió a recordar a su Samurái, en su absurdo intento de creerse sus mentiras, había pedido públicamente una cadena de Reiki para su supuesto coma. Primero se sintió patética, pero luego respiró lo que sentía y lo miro de otro modo, incluso asomó una sonrisilla en su rostro. Pensó en él, en qué es lo que puede llevar a alguien a inventarse algo así. Fingir ser otra persona que anunciaba que su amigo había tenido un coma y que sufría amnesia, y luego meterse bajo sábanas blancas emulando estar en un hospital era de locos jaja, al final terminó riendo al recordar. Él le dijo que era un policía de la secreta, ella siempre supo que se dedicaba al mundo de la noche, o al menos lo intuyó, siempre supo que no estaba en una misión en el extranjero y que lo tenía a cincuenta kilómetros, aunque nunca se lo dijo. Él quería sentir amor en el corazón, se descongeló al conocerla, sexo ya tenía por su cuenta claro, pero ella quería un novio con todo, y con él era imposible, le había dicho, que aunque se lo planteó, no iba a renunciar a su trabajo. Así que cuando él finalmente la dejó porque no podía alargar más sus mentiras, ella no quiso seguir en contacto con él. Él le había pedido en su despedida, con el tema principal del la BSO de El guardaespaldas, que le dejase saber de ella, saber que estaba bien, que necesitaba seguir amándola aunque fuese en silencio. Incluso el final de la historia fue de película. Siguió sonriendo al recordar …

Volvió a conectar con su malestar y con un deseo de desaparecer, que desapareciese su feo sentir, y de repente escuchó una pregunta en su cabeza.

“Que qué siento? Pues lo de siempre, frustración y rabia. Que de que? Ahora mismo me acabo de quedar en blanco, no lo sé, de repente han vuelto las ganas de reír jajaja, que patética soy. Que porque digo eso? Porque soy bipolar. Que soy humana? No entiendo nada. Que no tengo que entender? Si, lo sé, se que en esta fase de mí proceso consciente no tengo que analizar ni entender, aunque tampoco entiendo muy bien porque. Que mi cerebro siente que se muere? Uff ahora sí que me he perdido. Que yo quería entender porque una persona huye de si misma y se desarrolla el Alzheimer? Si, quería entenderlo. Que ya puedo entenderlo? Pues no entiendo mucho la verdad, estoy demasiado saturada para entender nada. Que esa es la respuesta? La saturación? … Joder … Perdón por el taco. Bueno espero que todo esto se recoloque, me siento aliviada aún sin entender bien. Voy a espabilar que al final llegó tarde al curro. Que valió la pena sentirme todos estos días inútil y un fracaso y llegar a la saturación absoluta para poder comprender esto? Si, estoy segura … ya voy entendiendo … estoy contenta, gracias … y si uno esto a lo que aprendí en la escuela Jung de que el cerebro busca siempre sobrevivir aún tiene más sentido, si la saturación emocional puede llevarnos a un deseo de muerte emocional y eso podría conducirnos a un deseo de muerte física (suicidio), el cerebro (el órgano físico) lo que hace es conducirnos a la muerte mental, porque al final que muera la mente (que no es lo mismo que el cerebro) es la forma que tiene el cerebro de sobrevivir … interesante … y bueno, si he tenido que llegar a la saturación total para entender esto claro que ha merecido la pena, pero por el amor de Dios, basta!! necesito estar bien ya jajaja, estoy como un cencerro, por no decir más tacos, porque iba a decir como una p… regadera, que liberadores son jaja.”

Gloria concluyó que había sido muy duro lo sentido, pero esa revelación lo había cambiado todo. En la residencia, Gloria, la mujercita mayor a la que le hacía masajes, que se llamaba como ella, se había querido levantar sola de su silla de ruedas, así se sintió, como si hubiese podido ponerse en pie después de mucho tiempo inválida.

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