Ahora entiendo mejor que nunca algunas cosas sobre la incertidumbre en relación a los vínculos.
No saber qué va a pasar en una situación, qué siente alguien o hacia dónde va una relación forma parte de la vida.
La incertidumbre no tiene por qué ser sufrimiento, se convierte en sufrimiento cuando sentimos que necesitamos saber para poder descansar.
Y quizá esa necesidad de saber tenga relación con cómo hemos aprendido a vivir los vínculos. Sospecho que cuando en la infancia o en la adolescencia hemos vivido ambigüedad, imprevisibilidad, inseguridad afectiva o un trauma, podemos aprender a necesitar saber qué está sintiendo el otro, qué significa lo que hace y qué está ocurriendo en el vínculo para sentirnos seguros, eso nos lleva a buscar señales y a hacer suposiciones, comenzamos a interpretar lo que ocurre y podemos convertir esa interpretación en una certeza ¿Por qué? porque la certeza nos calma y entonces nos vamos al futuro, construimos expectativas, falsas esperanzas o, por el contrario, imaginamos el peor escenario y convertimos nuestros miedos en certezas pesimistas; el mecanismo es el mismo, intentar escapar de no saber, pero esa certeza puede no ser real.
¿Y qué podemos hacer? Primero, darnos cuenta, preguntarnos: ¿esto lo sé o lo estoy suponiendo? Y ese darse cuenta nos permite hacer algo todavía más importante, volver hacia nosotros mismos, dejar de estar tan pendientes de lo que siente el otro y empezar a preguntarnos: ¿qué siento yo? porque no puedo controlar lo que siente otra persona, pero sí puedo escucharme y decidir qué hago yo con lo que estoy sintiendo y viviendo.
Si es una suposición, no necesito convertirla en una certeza ni buscar inmediatamente otra explicación, puedo simplemente decir: “No lo sé” y centrarme solamente en lo que la persona realmente dice y hace, dejando que el tiempo aporte la información que falta.
Puedo tener deseos, ilusión o miedo sin convertirlos en predicciones; no se trata de dejar de sentir, ni de dejar de ilusionarse, sino de dejar de convertir lo que no sabemos en certezas que después tenemos que sufrir, porque la solución no es conseguir certeza, no es dejar de sentir incertidumbre, la verdadera solución es aprender que podemos estar bien sin ella. Puedo no saber y seguir viviendo, puedo dejar que la realidad se revele cuando llegue.
Al final, suponer y construir certezas sobre lo que no sabemos solo nos desgasta, nos aleja del presente y puede hacer que proyectemos nuestra frustración sobre el otro y que nos coloquemos en el lugar de víctimas, cuando parte de esa frustración nace de nuestro propio constructo.
Esto no significa negar lo que sentimos, ni justificar las acciones de los demás, significa reconocer nuestra parte.
No necesito inventar una respuesta sobre el otro para poder estar en paz.
Foto de Alessandro Quarta
FILOSOFÍA EXPERIENCIAL
Conciencia y consciencia
Investigadora y Escritora del Ser Integral
Salud, amor y alma es un espacio de filosofía experiencial personal, nacido de la experiencia vivida, la observación, la reflexión y la búsqueda de sentido.
Aquí comparto experiencias, aprendizajes y reflexiones sobre la vida, el cuerpo, las emociones y la consciencia desde mi propia mirada.
No es un espacio de divulgación médica ni pretende ofrecer diagnósticos o consejos sanitarios. Lo que encontrarás aquí son experiencias y reflexiones personales que invitan a observar, cuestionar y descubrir la propia manera de vivir.