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‘DESPERTAR’ (CAP. 16)

Observo algo a nivel colectivo que me parece preocupante. Hay una idea generalizada de que, para estar verdaderamente conectados con nosotros mismos, necesitamos despertar, como si el despertar espiritual fuera un paso necesario para llegar a un estado de mayor conciencia, conexión o libertad. Y quizá no sea así.

Hay personas que están conectadas consigo mismas sin haber vivido ningún despertar espiritual y que no necesitan pensar que están conectadas para estarlo. Hay personas que evolucionan simplemente siendo conscientes de sus propios pasos.

Estoy convencida de que podemos estar presentes sin haber vivido una experiencia espiritual extraordinaria. Quizá simplemente podemos estar aquí, viviendo sin más, porque tal vez la conexión no sea un estado al que tengamos que llegar, sino algo a lo que siempre tenemos acceso cuando estamos presentes.

Quizás decir que todo el mundo tiene que despertar sea, paradójicamente, generar una nueva certeza que puede convertirse en otra forma de condicionamiento.

La búsqueda de conexión puede alejarnos de la experiencia sencilla de estar presentes. Para mí ‘el despertar’ no es la puerta de entrada a la conexión, sino una de las muchas experiencias que pueden mostrarnos algo sobre ella.

‘Despertar’ fue mi camino, pero no tiene por qué ser necesario para los demás. Yo tenía un inconsciente muy cargado y estaba muy desconectada de él. Necesitaba revisar, comprender e integrar… Esa era mi realidad y quizás también la de muchas personas heridas, pero que yo necesitase una transformación profunda no tiene por qué ser la realidad de todo el mundo.

Nadie es más espiritual que nadie por atravesar un despertar abrupto; no creo que despertar sea una ley espiritual. Para mí la espiritualidad es otra cosa, es consciencia, es virtud, es amor…

Una persona puede tener una vida interior sencilla, estar atenta a lo que siente, tratar a los demás con consideración, contemplar la naturaleza, reconocer sus límites, amar, cuidar, escuchar y vivir con presencia sin haber tenido jamás una experiencia que denominaría ‘despertar espiritual’; incluso puede no tener ningún interés en la espiritualidad y aun así vivir esas cualidades profundamente encarnadas.

Por otro lado, alguien puede haber vivido un despertar fuera de lo común y seguir teniendo mucho que aprender sobre amor, humildad, responsabilidad o compasión.

No hace falta estar despierto para estar vivo.

No hace falta saber que estás conectado para estar conectado.

No hace falta llamar espiritual a una experiencia para que tenga profundidad.

No hace falta haber atravesado un ‘despertar’ para que una vida sea consciente.

No necesito que todos despierten para validar lo que yo sentí.

Mi despertar puede haber sido profundamente necesario para mí, sin convertirse por ello en una condición necesaria para el ser humano. Hay muchos caminos, muchas huellas, muchas formas de atravesar la vida.

Foto de This And No Internet 25 en Pexels

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