LA BRÚJULA DE LO INFINITO

PERDIDOS (CAP. 3)

Conocí a una pareja maravillosa, se adoraban, era uno de esos amores recíprocos tan bonitos que son envidiables. Llevaban muchos años casados y decidieron ser padres, los dos tenían treinta y tantos y tuvieron un niño precioso, tan adorable como ellos. Cuando el bebé tenía 7 meses, ella le dijo a su marido que los dejaba, que no podía hacerse cargo del niño, que estaba muy agobiada y que necesitaba ser libre. Desde niña siempre le habían dejado hacer lo que le daba la gana, así que no pudo con la enorme responsabilidad de ser madre.

Conozco otra pareja, la hermana de un amigo y su chico, era muy bonita también. Llevaban unos años conviviendo y quisieron tener un bebé. La niña nació con un soplo en el corazón y muchas complicaciones y tuvo que quedarse en el hospital durante tres meses, sus padres no pudieron ser mejores, estuvieron los dos con su pequeña todos y cada unos de los días que estuvo ingresada, recuerdo una foto en la que la niña a pesar de estar entubada, sonreía apoyada en el pecho de su padre, y es que también tengo que decir, que bendito hospital, porque cada día Lucía salía de la incubadora para estar en contacto físico con sus papás, algo de suma importancia para mi para el buen desarrollo del bebé. Amor incondicional, atención plena y todos los cuidados fue lo que tuvo Lucía su primer añito de vida, pero a partir de ahí todo se torció, sus padres se quedaron sin trabajo y los tres tuvieron que irse a vivir con los abuelos maternos. Mi amigo me contó que su hermana era una niña muy mimada, que desde siempre en cuanto abría la boca tenía todo lo que quería y que sobretodo su madre, le solucionaba cualquier problema que pudiese tener. Su chico por el contrario, era hijo de padres separados, su padre jamás se hizo cargo de él y su madre, la mujer, se pasaba el día trabajando, así que casi siempre estaba solo. Fue ir a vivir con los abuelos y ambos desentenderse de Lucía cada día más, la abuela se ocupaba de todo y ellos solo querían salir y pasárselo bien, al año era como si no tuviesen una hija ninguno de los dos. Terminaron separándose además. Mi amigo estaba muy preocupado y a la vez muy decepcionado con su hermana, pero como le dije estoy convencida de que no sabían ser padres aunque quisieran, su hermana no aprendió a hacerse cargo de su vida, siempre se la solucionaron, y su pareja repitió su patrón de abandono. El primer año de vida de Lucía tuvo los mejores padres del mundo, no me cabe la menor duda, luego sus infancias pesaron más.

En mi propia experiencia contarte que mi hijo a los 14 años me pidió irse dos semanas con su padre para que le pusiese límites, y mi hija a los 12 me dijo que se iba unos días con su padre para que le pegase bronca, tengo la suerte de que son muy conscientes desde muy pequeños y me guían muchas veces. Recuerdo también a mi hijo decirme a los 5 años, después de pegarle una buena bronca, que él ya sabía que no quería nacer porque le iba a pasar eso…

La verdad es que no es fácil ser padres, y muchas veces tener todo el amor por tus hijos y la mejor de las intenciones no basta porque uno no sabe como y más si el pasado se hace presente.

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