LA BRÚJULA DE LO INFINITO

MAESTROS SIN LIBRO DE INSTRUCCIONES (CAP. 19)

Hoy en una entrevista de Gabriela Arias a Elsa Farrus acerca de los cambios que el planeta entero atraviesa, https://youtu.be/kszTDEh2rps Elsa decía que los niños venían con todo hecho, que los que tenemos que hacer los deberes somos los adultos. Yo estoy completamente de acuerdo, para mi ellos ya vienen con el maestro interno de la mano.

Ya te conté que al inicio de su adolescencia mis hijos me pidieron ellos mismos irse con su padre unos días para tener más disciplina, y no es que creyesen que su padre era el malo de la película, porque eso es algo de lo que he estado pendiente desde el divorcio, si se han quejado de él y nos han comparado, siempre les he dicho que somos distintos, que no es que él sea peor, sino que vemos la vida de forma diferente y nuestra manera de educar no es la misma, además de que cada uno tenemos nuestro rol. Bueno de hecho, ahora que pienso, supongo que nunca lo han visto ‘el malo’ porque sino no hubiese salido de ellos irse con él.

Cuando Arón tenía 17 años por eso, si le pedí a mi ex marido que se lo llevase un mes, reconozco que en aquel momento me sentí incapaz de lidiar con su comportamiento que empezaba a ser un tanto agresivo, ahí fue cuando al final se quedó a vivir con él. Por cierto, tenía movimientos involuntarios en las piernas, que ni el médico, ni el neurólogo sabían explicar, porque no había ninguna patología visible, y al irse de casa desaparecieron. Estoy convencida de que vivir presionándonos continuamente a su hermana y a mi al que más daño le hacía era a si mismo.

A mi nunca me han gustado las discusiones, y mucho menos las imposiciones, y siempre he sido consciente de que consentirles demasiado no era hacerles ningún favor, pero cuando intentaba ser severa con ellos no solía hacerlo bien, la mayoría de las veces acababan enfadados o con una actitud rebelde e incluso más de una vez terminabamos todos gritando, así que de un modo u otro siempre me sentía llena de culpa. Solo en un par de ocasiones que la cosa fue bastante grave si logré mantenerme en mi sitio con Noa, cosa que ella misma me ha agradecido muchas veces, pero casi siempre me sentía impotente y sin saber que hacer.

Aunque bueno eso era antes, hacer el ‘Curso de madres y padres’ con Cristina de Armas me abrió mucho los ojos y hoy día las cosas han mejorado bastante. Antes les daba sin que me pidiesen siquiera y muchas veces de más, y no me refiero a lo material sino a todo en general, luego si me exigían me sentía víctima, hoy doy cuando me piden y ya no me decepciono.
Antes estaba perdida, si les decía algo que creía bueno para ellos y se lo tomaban a mal me sentía culpable y si no se lo decía también. Hoy, desde lo que creo lo mejor para ellos como madre, soy honesta y no me importa mostrarme vulnerable sin victimizarme, y el diálogo ha mejorado mucho.

Justo ayer le dije a mi hija que si veía algo que no me parecía correcto, tenía que decírselo aunque fuese severa, entendiendo severidad como expresar desde la firmeza y la seguridad, porque era por su bien y si no se lo decía me sentía mala madre. Mi hija me dio un abrazo y me dijo que lo entendía, y que muchas gracias por hablar así con ella.
Estos últimos días, sin enfadarme, le he mostrado que no tiene que molestarse si le pido un favor porque yo también se los hago cuando me los pide, y lo he hecho sin utilizar reproches que no servían para nada, y además de darse cuenta de sus exigencias, también valora más lo que yo hago y ya no reacciona igual.
Tenía otro dilema, Noa solía ser muy desordenada con su habitación, y aprendí a no recogérsela si estaba muy mal. Me fue difícil dejar la habitación sin hacer, porque me gusta el orden, pero lo logré, además sin enfado, soltando el control y la imposición y recordándome que ella también vive en casa, así que: porque tiene que estar todo como a mi me gusta? eso si, si ella ponía de su parte algún día y la dejaba mejor si se la recogía. Pues sabes? se terminaron las discusiones y encima desde hace bastantes días la deja siempre recogida. Y es curioso, pero hoy Noa me ha dicho que iba a cambiar su firma y poner sus dos apellidos, eso dice mucho de lo bien que se siente en cuanto a sus principales referentes, sus padres, y me he sentido feliz.

Arón tiene ya 21 años, pero me di cuenta de que por mi sentimiento de culpa por no estar con él en sus primeros tres años de vida, porque trabajaba, lo victimicé a él, y eso me llevó a querer solucionarle de más muchas cosas, y aunque influyeron otros temas, eso al final le hizo ser un niño muy exigente y bastante déspota. Al poner consciencia y dejando de solucionarle todo, pero sin dejar de ayudarle o asesorarle en como hacerlo pero permitiendo su autonomía, a día de hoy se siente más seguro de si mismo y tiene mucha más iniciativa.

Nuestros hijos no nacen con un libro de instrucciones bajo el brazo pero podemos aprender como padres. Los niños necesitan amor, pero ser severos cuando lo necesitan, porque lo necesitan, también es amar, como también lo es cuidar de nosotros mismos como adultos. Infinitas gracias Cristina, tus enseñanzas no solo me ayudan con mis hijos sino con todas las relaciones, son grandes aprendizajes para la vida. https://www.cristinadearmas.es/

Photo by Gustavo Fring on Pexels.com

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