Hoy he hecho un descubrimiento que me ha resultado profundamente liberador.
Durante varios días he estado observando y trabajando distintos ‘locus de control’ disfuncionales, patrones relacionales automáticos que desplazan el centro de regulación fuera de uno mismo y condicionan la forma de vincularse, sentir y tomar decisiones.
Hoy veo un locus nuevo, más profundo y sutil, que se había instalado en mí como verdad de mi naturaleza humana, reconozco que me ha costado verlo.
Es un ‘locus de control’ externo condicional que se manifiesta como una creencia relacional muy concreta, la sensación de que el vínculo con paz solo existe si yo me doy por entero, si entrego más, si sostengo más, si me sacrifico.
Durante años lo he vivido no como una imposición, sino como algo natural, sobre todo porque solté el rol del salvador en el plano emocional hace tiempo.
Hoy lo veo con más claridad, tenía un patrón relacional aprendido que había colonizado mi forma de relacionarme con los demás y con la vida.
“Si quiero vínculos con paz, tengo que darlo todo y no quejarme de nada. La paz depende solo de mí” Ahí está el contrato interno que se fijó, y lo más importante es que no es una creencia mental, es una regla relacional de supervivencia que se volvió automática. Inconsciente, pero qué arrogante ¿No? Me perdono porque supongo que fue la única forma posible de vincularme que sentí en la adolescencia.
Este locus no opera solo a nivel mental o emocional, se traduce en gestos, en decisiones automáticas, en una disponibilidad constante que no pasa por la elección consciente aunque lo parezca; me lleva a dar incluso cuando no me apetece, a sostener incluso cuando estoy agotada, a callar para que haya paz. Y lo hace con una narrativa tan sutil que me era imposible verlo como condicionante, pero ahora finalmente puedo verlo.
La condición es clara, si me entrego por completo, el vínculo funciona; si no, el vínculo peligra.
Al observar este locus algo se recoloca, porque aunque yo hubiese trabajado para desapegarme del victimismo, me arrastraba a él. Hoy comprendo que no había ninguna exigencia externa, sino un automatismo interno actuando por mí, y reconocerlo produce alivio inmediato.
Siento que mi energía vuelve a mí, que mi mente comprende, que mi plano emocional se relaja y que mi cuerpo descansa. El centro se reubica dentro y todo se ordena.
Foto de Pavel Danilyuk en Pexels
FILOSOFÍA EXPERIENCIAL INTEGRAL
Conciencia y consciencia
Fisionaturopatía y Fisioestética
Terapia holística ‘Análisis Quantum’
Terapeuta, Profesora y Coach de Integración Emocional
Investigadora y Escritora del Ser Integral