MUJER DE ALGODÓN Y LUZ

LA ENVIDIA (CAP. 12)

El otro día hablando con una amiga con la que coincidí hace años en un taller y con la que tengo mucha confianza me contó algo que le afectaba mucho y me dio permiso para explicarlo. Me dijo que toda su vida se había sentido envidiada y que últimamente se estaba sintiendo muy mal por ello, porque además de costarle buenas relaciones tanto familiares como de amistad, incluso en el ámbito del crecimiento personal, por el rechazo al que se sentía sometida, se estaba sintiendo envidiada por su propia hija y eso ya era preocupante.

Ella se había trabajado su propia envidia hacia los demás, así que no iba por ahí. Le estuve haciendo algunas preguntas indagando en su historia y llegué a la conclusión de que se había sentido envidiada por su madre cuando era niña aunque no lo recordase. Su abuelo era un hombre muy estricto y poco cariñoso con su madre, pero a ella la adoraba, era su nieta favorita, y eso produjo esa envidia aunque su madre tal vez ni se diese cuenta.

Tal como nos dijo Adriana, o como nos habla el Dr. Miguel Ruiz, en ‘Los 4 acuerdos’, ella decidió o acordó inconscientemente siendo niña, no hacer o tener nada que pudiese causar envidia y sufrimiento a su madre. Así que, además de ver esas envidias que se despertaban en los demás y que mostraban ese dolor que necesitaba sanar, salieron otras cosas que también le afectaban en el momento presente. No podía tener una bonita relación de pareja porque su madre se divorció dos veces y luego se quedó sola, no podía estar delgada porque su madre era una mujer muy guapa y estando obesa no sería nunca ‘más’ que ella aunque fuese más joven, y no podía triunfar laboralmente porque su madre no tenía estudios y se había pasado toda su vida lamentándose de sobrevivir limpiando casas.

Hoy, recordando todo esto y observando mi propia historia, me ha venido a la mente un episodio de mi vida que ya había trabajado pero desde otra perspectiva. Cuando tenía 6 años gané un concurso de dibujo y vi que una compañera además de tener mucha envidia, se sentía muy triste porque no ganó ella, ahí tomé una decisión: Ganar causa envidia y sufrimiento a los demás, así que no puedo tener éxito.

Que increíble el poder del inconsciente y cuanto daño puede hacer la envidia tanto para el que la sufre como para el que es envidiado…

Fotografía de Kindel Media en Pexels

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