LA ALEGRÍA DE SENTIR

AMOR PROPIO (CAP. 8)

Ayer Míriam Toroide de ‘Dharma cura el alma’ https://www.facebook.com/miriamreciomenor9 nos habló del Amor Propio, nos dio los once hábitos que a ella le ayudan a cultivarlo.

Medita; aprende a decir ‘No’; deja de hacer cosas que no te agraden; aprende aquello en lo que tengas curiosidad; halágate y halaga a los demás desde la autenticidad; aprende a hacerte amiga del rechazo y de la crítica, ‘no eres lo que el otro piensa de ti, eres lo que tú piensas de ti’; ama tu soledad, aprende a abrir espacios de silencio contigo misma, aprende a escucharte; encuentra lo que amas hacer, tu propósito, que no es otra cosa que Ser tu misma; arriésgate, como dice Míriam: ‘tus desafíos, son tus maestros’; conéctate con tu ser superior a diario, pregúntate a ti misma, toma tu poder; y por último despierta tu creatividad.

Me sentí muy bien porque los tengo bastante trabajados y aplicados, pero me cuesta halagarme a mi misma y me afecta el rechazo, y ambos están asociados a la pregunta que le hice estos días atrás a Míriam para trabajarla en la charla y que tiene que ver con el autorechazo curiosamente: ‘¿Como puedo dejar de sentir vergüenza por mi cuerpo? Lo amo profundamente y le estoy muy agradecida, pero no puedo superar mi vergüenza.’

Míriam me dijo que la vergüenza tiene que ver con la herida de la humillación, que suele tener su raíz en la infancia y que proviene generalmente de un suceso con la madre, y que además está asociada a la máscara del masoquismo donde inconscientemente sufrir nos da placer. Lo que me dijo me ha recordado al trabajo que hice de ‘Las 5 heridas del alma’ de Lise Bourbeau, aunque cuando las trabajé no toqué este aspecto.

Me he dejado sentir la herida en mi cuerpo y la he podido situar, provenía de otra vida donde sentí mi cuerpo humillado y ultrajado, y no me considero masoquista en ningún sentido, al menos conscientemente, pero si puedo reconocer que las resistencias de autocuidado de mi cuerpo que te comenté puedan tener raíz en ese tiempo, de algún modo mi autorechazo y mi automaltrato alimentan esa herida que aún no estaba sanada.

También me ha dado dos consejos para cuando vuelva la vergüenza.
Cada vez que venga es importante decirme: ‘Pido a la divinidad que hay en mí que limpie las memorias celulares de la herida de la humillación, me acepto, me amo y me agradezco’ hasta que no la sienta. También me ha dicho que me ponga desnuda frente al espejo y respire si vienen juicios mientras lo decreto o me digo afirmaciones de amor propio hasta que deje de sentirlos.

Míriam muchísimas gracias por ayudarme a ver algo que estaba vivo en mí y ya necesitaba ser enterrado ¡Ahow!!

Foto de Anna Tarazevich en Pexels

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