EL ESPEJO DE LA FELICIDAD

COMPETITIVIDAD (CAP. 2)

Lo veo a diario, competimos con desconocidos, con amigos, con hermanos, con las parejas, incluso con padres y con hijos, competimos con profesores, con alumnos, con pacientes, con clientes…

El ser humano pasó de luchar a competir, y eso lo tenemos en nuestros genes grabado a fuego, hoy lo he visto muy claro. Lo peor de todo es que también competimos contra nosotros mismos si nos sentimos perdedores en algún vínculo alguna vez; si nos sentimos atropellados y no queremos atropellar a nadie, lo estaremos haciendo en nuestro interior de forma incoherente y sin sentido, las distintas partes que nos conforman querrán ganar sea como sea, nos harán decir no aunque quieran decir sí, y sí, aunque sientan que lo mejor es decir no, con tal de ganar.
El caso es que no se trata de ganar o perder, sino de simplemente Ser, y si eres no solo no ganas o pierdes, sino que no eres ni mejor ni peor que nadie porque cada uno es en sí mismo y ahí no hay ni competencia ni comparación, tampoco nadie roba a nadie, ni se siente robado. Cuando uno Es, lo que está en su Ser llegará para uno.

Voy a poner un ejemplo de una dinámica que hice en una jornada de Mindfulness en Kayzen, de la EDT, Escuela de Desarrollo Transpersonal. https://escuelatranspersonal.com/
Estábamos en círculo y de espaldas, y teníamos que ir diciendo números hasta llegar al número de personas que éramos y volver a empezar si dos o más personas se atropellaban diciendo el mismo número, si no recuerdo mal; precisamente era un ejercicio para integrar en el corazón que realmente cada uno tiene su espacio y su lugar en la vida. En un momento sentí muy claramente que el siguiente número era yo, pero vacilé un instante, que en ese tipo de dinámicas es una eternidad; pues nadie dijo nada a pesar de que hubo un vacío de tiempo, sentí como si estuviesen esperando a que yo dijese mi número, y así fue. Ese día me llené de una profunda confianza en que todo lo que necesitaba en esta vida llegaría, la integré en mi corazón, ese día murió en mi la competitividad en relación al resto, aunque quedaba una parte que sí competía en mi interior, sobre todo entre mi masculino (la hacedora) y mi femenino (la sentidora), y que me generaba un pulso constante. Tanto hombres como mujeres tenemos ambas energías y es importante que trabajen en equipo, porque desde nuestro masculino tomamos decisiones y desde nuestro femenino ponemos la energía para llevarlas a cabo, sin esa armonía no hay equilibrio. Lo paradójico en mi experiencia es que ambas partes tenían la intención positiva de que me sintiese ganadora y les doy gracias, además de poner perdón y compasión por el sufrimiento generado.

Todo esto lo he visto gracias a mi amigo y coach Dani https://instagram.com/dani.e.coach?igshid=1rt1vdp6i4ezk, que me ha estado enseñando técnicas de escucha de voz que son sorprendentes para el autoconocimiento y que me están ayudando a disolver esa competitividad interna tan incómoda y limitante. Muchas gracias Dani, siempre un placer aprender con vos.

Foto de Alena Darmel en Pexels

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