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LA VOZ INOCENTE (CAP. 30)

Hay palabras inspiradas que sobrepasan lo humano… Gracias por regalarme el final más bonito que podía escribir.

Ayer tuve una sesión de RRT con Heidy A. Díaz, ella es increíble como persona, como mujer, como madre y como profesional; su historia de superación personal me conmovió y por eso quise trabajar con ella en una de las sesiones que nos ofreció como conmemoración del Día de la Mujer y fue todo un acierto; como siempre, en el momento justo y con la persona adecuada, doy gracias a mi alma por saber lo que necesito a cada instante.
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La práctica me estaba moviendo mucho, pero hubo un momento en el que algo se rompió en mi pecho para recuperar mi bien más preciado. Nada es casual cuando estás conectado al corazón y al alma; tuvimos que empezar la sesión un poco más tarde porque el Wi-Fi de Heidy le había dado problemas y en ese tiempo su hijo pequeño de cinco años se levantó y se vino con nosotras, cosa que no me importó en absoluto; y fue él, Andrei me ayudó a recuperar la inocencia perdida.

Como decía, estaba emocionada por lo que estaba sintiendo, pero en un momento dado Heidy dijo: soy yo (refiriéndose a mí de niña) y Andrei repitió alto y claro con su vocecita de bebé: ‘soy yo’, mi corazón dio un vuelco; Heidy siguió: yo tengo la culpa, y Andrei repitió con su voz de niño: ‘yo tengo la culpa’… ahí se produjo la ruptura, al escucharlo rompí a llorar sintiendo la inocencia de esa niña que un día fui y que era imposible que fuese culpable de nada.

La magia de estas inocentes palabras inspiradas, que me han otorgado de nuevo la libertad recuperando mi tesoro divino, vivirán para siempre en mi pecho. Infinitas gracias Heidy, gracias eternas Andrei, a ti y a tu alma.

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