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ÉL (CAP. 21)

Aún recuerdo la primera vez que lo vi, bueno realmente recuerdo absolutamente todo lo vivido con él.

Él es ÉL, no hay otro como ÉL, me enamoré del hombre, de su alma y del niño interior que vive en su corazón.

Hoy día se habla mucho de personas tóxicas, yo misma he sentido que me equivocaba muchas veces con respecto a Él, pero la magia nos ha acompañado siempre y ayer la volví a sentir. Cuando a pesar de las diferencias físicas y de edad, alguien te pregunta si no tienes pareja y le dices que no, y entre las más de sesenta mil personas que viven en la localidad te dice que conoce a alguien que ‘te pega’ y resulta ser Él, no puedes estar tan equivocada en el corazón y el alma. Cuando giras una esquina y está Él y sientes como el corazón se te sale del pecho, como si tuvieses mil caballos galopando y te tiemblan las piernas, tu alma no puede estar tan equivocada aunque te hayas enfadado con ella infinidad de veces. Cuando nunca pasas por la calle donde trabaja pero unas obras desvían tu camino, y allí está y lo saludas con una sonrisa pero tú corazón está en calma, y Él hace exactamente lo mismo y esta vez no te escribe, y sientes que ambos os habéis superado a vosotros mismos, que ambos habéis ganado, que ambos habéis crecido, que es lo importante cuando hablamos de compasión; te confirmas a tí misma que todo fue perfecto y sueltas el sentimiento de fracaso y la culpa que vivían en esa parte de tí que no comprendía muy bien las peticiones del corazón de tu alma y todavía te liberas más, y eso es lo que sucedió ayer.

Jamás me arrepentiré de lo vivido con Él, aunque desde esa parte que no lo entendía sí lo haya hecho. Recuerdo que una vez le dije que yo sabía que juntos estábamos sanando y liberando a nuestros niños internos heridos y se rió haciendo una broma, también recuerdo que otra vez me dijo que nosotros juntos éramos magia y que yo permacía siempre en el tiempo aunque no nos viésemos durante años. Él no sabía porqué, bueno, no lo recordaba, mi alma me lo recordó a mí por los dos. Una vez le dije que ‘Hijos del verbo amar’ de Pablo López me recordaba a nosotros. https://youtu.be/Xre1ME1Uazs

Esta semana, en ‘El encuentro con tu niña creadora’ en ‘Nuestro Camino Interior’, Carmen nos propuso conectar con la Compasión; hoy siento en lo profundo de mi corazón que no fue un error, que lo vivido estos once años simplemente fue compasión hacia dos niños inocentes perdidos; y que lo que mi niña y yo sentimos, lo sentimos tal y como lo pactamos ambos álmicamente antes de nacer, y que hemos jugado a la perfección el juego de la vida que pactamos juntos. A mi niña y a mi adolescente les agradezco muchos de los pasos que mi alma me pedía, sin ellas, su confianza, su valentía y su compasión, no los hubiese dado, era más fácil olvidarme de todo, te lo aseguro.

El otro día soñé que Él, su hijo y mi hija, que para mí representan a nuestros niños internos, y yo, íbamos en un Ferrari; fue muy significativo, nuestro destino era sin duda la libertad que ayer sentí en ambos. Hoy he soñado que unas manos alzaban dos bebés al cielo, creo que poco más hay que decir… Gracias Él, sin tí no podría haber llegado a sentirme Yo.

Ebn Teinim, poeta árabe, cantó así a la flor del almendro (alláuz). “Antes que las demás flores llegas tú para reinar sobre todas ellas. Y con verdad que eres de venturoso presagio, pues en tu cándida hermosura aparece la primera sonrisa del mundo y de la primavera.”

Foto de Nikolett Emmert en Pexels

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