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LA ILUSIÓN (CAP. 16)

Hoy me he parado a pensar que en estos últimos años no solo había perdido la gratitud, la alegría, la ternura o la sensación del placer de vivir, sino que también había perdido la ilusión; en el crecimiento personal se dice que no hay que tener expectativas, también hay muchas personas que dicen que no hay que tener ilusión, que eso solo es una fantasía que puede crearnos frustración, pero yo me siento menos viva sin ilusión, la ilusión es la chispa de la vida y yo quiero recuperarla, no me gusta vivir desilusionada y así es como me siento en una parte de mi sombra que me invade a veces.
Estoy de acuerdo en que no podemos vivir de castillos en el aire, pero la narrativa de nuestra mente es una cosa, la usamos cuando no nos hacemos cargo de nuestra vulnerabilidad, y la ilusión es otra muy distinta que nace del corazón, y yo quiero un corazón ilusionado.

Un corazón con ilusión es un corazón lleno de energía positiva, los niños están llenos de ilusión y nuestra libertad personal tiene mucho que ver con recuperarla, hoy lo veo claro. Un corazón desilusionado es un corazón sin esperanza de la buena y yo no quiero vivir sin esperanza. Un corazón sin ilusión es un corazón vacío de magia y, al menos para mí, la Vida vivida con mayúsculas es magia…

La ilusión nos ayuda a creer en los sueños, y por lo tanto a enfocarnos en ellos; la ilusión es la gasolina de los deseos del corazón y llevo demasiado tiempo rechazándola por todas las veces que me atreví a sentirla y nada fue como me hubiese gustado, supongo que un día perdió el sentido y empecé a dejar de aceptar lo que llegaba a mi vida y me sumergí en un mar de desilusión; pero hoy soy consciente de su importancia, así que este nuevo año me pido ilusión, quiero dejar de vivir teniéndole miedo por miedo al fracaso o a la decepción, quiero sentirla en la plenitud de mi ser aunque al principio no pueda sentirla por completo y tenga que hacer un esfuerzo, en su recuperación sí vale la pena poner energía y esfuerzo, como valió la pena con la gratitud, la alegría, la ternura y el placer de vivir.

Es curioso, solo pensar en ello me hace sentir resistencias, hay una voz de desconfianza en la ilusión, así que la primera ilusión en la que voy a poner foco es en la ilusión por vencerlas…

Y ahora me viene una pregunta ¿cuando perdemos la ilusión? escucho una respuesta: de niños somos muy sensibles y las experiencias la pueden opacar incluso aunque no nos parezcan traumáticas, y no se trata de sobreprotegerlos, paradójicamente la sobreprotección también la puede opacar transformando la ilusión en capricho; y de adolescentes podemos sentir, generalmente de modo inconsciente, que nos la roban, aunque solo se queda congelada en algún lugar del corazón alejándonos del alma, porque hay sentires que son del alma. Congelamos la ilusión cuando el otro se impone ante nuestras ilusiones y se apagan, cuando sufrimos deslealtad, falta de compromiso, incomprensión, humillación, traición, crueldad y abuso; cuando somos niños la ilusión se torna confusión, en la adolescencia se convierte en rebeldía o en pasotismo, y también se puede convertir en resentimiento y odio.

Me doy cuenta de que no podemos vivir sin una dosis de ilusión, es intrínseca en el ser humano, y de que cuando no podemos sentirla en el corazón solemos ponerla fuera de nosotros pero desde la mente, enfocándonos generalmente en cosas materiales o relaciones más superficiales; pero también me doy cuenta de que si alguna vez la recuperamos o asoma de forma auténtica después de experiencias traumáticas, podemos huir de ella por miedo, lo cual también nos desconecta de nosotros mismos, así que también es necesario recuperar la confianza genuina para no perder la ilusión en un suspiro, para que está no se esfume a la primera de cambio.

Veo que a veces justificamos a las personas para no perder la ilusión y solo nos autoengañamos; otras veces somos ‘falsos’ con los demás, no hay coherencia entre el hacer y el sentir, por no desilusionarlos cuándo somos empáticos, y el problema no es esa ‘falsedad’, el problema es que nos olvidamos de nosotros y de nuestras propias ilusiones y además podemos generarnos resentimiento; hay personas que por sentir que se la robaron, matan de forma inconsciente las ilusiones de los demás sin ser conscientes de que realmente se roban a sí mismas una y otra vez, porque su sentir está desligado de la felicidad; y otras la rechazamos por nuestra reinterpretación a causa de nuestras heridas no sanadas y nos autosaboteamos las relaciones y la vida; así que voy a poner todo mi empeño en generarla de forma genuina en mi interior para que se expanda dentro y fuera de mí en cada ahora, quiero sentir ilusión por el simple hecho de estar viva.

A por un año lleno de ilusión…

Foto de Janko Ferlic en Pexels

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