Hoy comprendo algo más acerca de mi caldera interna, el termostato se estropeó de niña porque la energía se quedó atrapada en ese estado de alerta, se quedó en modo congelación según Levine.
No solo fue emocional, afectó a mi fisiología y a la forma en que el cuerpo regula calor, digestión y líquidos; cuando el cuerpo se congela, la circulación se dirige a los órganos y músculos esenciales para la supervivencia, dejando la digestión, la generación de calor y la distribución de líquidos en segundo plano, el termostato interno recibe menos energía y funciona a medias.
Como explica Ganong, en situaciones de alerta el cuerpo prioriza la supervivencia inmediata sobre funciones homeostáticas, reduciendo el flujo sanguíneo hacia órganos como el digestivo y la piel, además, la alerta sostenida activa hormonas como cortisol y adrenalina, que modifican cómo se usan y almacenan los nutrientes. McEwen describe que la exposición crónica a estas hormonas altera el metabolismo, la utilización de energía y la regulación de señales internas, como la sed o el hambre.
Desde esta perspectiva, lo que viví de niña al congelarme puede haber contribuido a que mi termostato interno se limitara; sanar mi pasado, liberar energía atrapada y permitir que el cuerpo se moviera conscientemente le permitió volver a funcionar plenamente, recuperando calor, digestión y equilibrio interno, pero en el largo, estresante y doloroso proceso de sanación, me volví a congelar y de nuevo el termostato se desajustó.
Trabajar estos últimos cuatro años de forma somática me ha ayudado a llegar hasta aquí, y me da la oportunidad de descongelarme de nuevo y volver a funcionar con un termostato interno más consciente y regulado, conectado con lo que siento y con mis necesidades corporales.
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FILOSOFÍA EXPERIENCIAL INTEGRAL
Conciencia y consciencia
Fisionaturopatía y Fisioestética
Terapia holística ‘Análisis Quantum’
Terapeuta, Profesora y Coach de Integración Emocional
Investigadora y Escritora del Ser Integral