Hoy siento cómo todo mi cuerpo respira de otra manera, cada célula parece despierta y mi alma me lo confirma, como siempre, con un estremecimiento que me eriza la piel. Es un recordatorio de que lo que surge es auténtico, profundo y verdadero.
El yoga orgánico, la práctica que he cultivado durante tres años y medio, se revela como la vía que permite que mi sistema nervioso deje de vivir en alerta, lo cual propicia que los sistemas háptico, endocrino y límbico se regulen a su vez. No hay prisas, no hay esfuerzos forzados, todo fluye de forma orgánica, al ritmo que mi cuerpo y mi espíritu conocen.
En ese movimiento, siento que las memorias del dolor guardadas en la piel empiezan a relajarse y puedo percibir afectos que antes no podía registrar, en este fluir soy consciente de que las glándulas endocrinas recuperan su equilibrio y de que el sentido de las emociones se desancla del pasado. Es un despertar integral donde cada sistema danza a su ritmo, pero todos conectados, todos sincronizados.
El yoga orgánico no es solo movimiento, es escucha, es presencia y ternura hacia mí misma. Cada respiración consciente, cada observación de lo que hay aquí y ahora, cada atención al cuerpo se convierte en alimento para el alma. Y al final, todo es uno, el cuerpo que se siente vivo, el corazón que late con calor y alegría, la mente que por fin descansa y el alma que sonríe en silencio.
Es un diálogo continuo con mi Ser, en un baile en el que lo que antes estaba dormido o bloqueado, ahora se libera con suavidad, como si el cuerpo aprendiera a recordar cómo sentirse completo.
Foto de Evgeniya Kuzmina en Pexels
FILOSOFÍA EXPERIENCIAL INTEGRAL
Conciencia y consciencia
Fisionaturopatía y Fisioestética
Terapia holística ‘Análisis Quantum’
Terapeuta, Profesora y Coach de Integración Emocional
Investigadora y Escritora del Ser Integral