MUJER DE ALGODÓN Y LUZ

EL ENCUENTRO (CAP. 8)

“Y un día me metí hacia dentro, y me perdí, más aún estando sin rumbo supe que me había hallado.”

Perderse en uno mismo es paradójicamente el inicio del ‘Viaje del encuentro’. Pero ¿qué es el encuentro? ¿qué significa encontrarse con uno mismo?

Yo solo puedo hablarte desde mi experiencia y creo que este texto que escribí hace muchísimos años lo describe bastante bien.

“Quiero ver la vida con mis gafas nuevas, esas que dejan ver las cosas invisibles a la vista; veré las nubes como si de un lienzo se tratasen, cada día de distinto algodón; la brisa que acaricia el aire la sentiré en mis mejillas rozando mi piel y agradeceré su tacto, todo está en perfecta armonía en la naturaleza, todo nos abraza si sabemos escuchar; beberé el agua del manantial que mana en el sendero que abriga mis pasos, todo está dispuesto cuando puedes ver con los ojos iluminados por la luz del universo; sentiré el amor de tu corazón aunque tu expreses odio, porque se que debajo de tu ira existe el latido del niño que fuiste; admiraré la fruta del árbol, la flor que nace de la tierra, la luna cuando anochece y los rayos de sol al amanecer porque todo es un milagro; escucharé el trino de un pajarillo, no hay mejor música cuando despiertas; te miraré a los ojos siempre, porque allí es donde reside el brillo de tu alma; alargaré mi mano siempre que la necesites y humildemente pediré tu ayuda cuando te necesite a ti; sonreiré al anciano, al triste y al risueño, sonreiré porque la risa embellece mi rostro tanto como el tuyo; bailaré al amparo de las estrellas que cubren el cielo, no importa si es primavera ó invierno, ellas siempre están ahí para decirnos que la vida es mágica; volveré la cabeza atrás cuando sea necesario, mientras tanto miraré al frente siempre con el corazón dispuesto; me moriré de miedo, pero me atreveré a vivir todo aquello que la vida me ofrezca, no importa si no es lo que esperaba, se que sin duda es lo que en ese momento me tocaba vivir; aprenderé de todo y de todos lo máximo que pueda, hay un maestro en cada esquina, en cada mirada, en cada acto, en cada vida; cantaré la melodía de mi alma, escucharla es unirme a lo divino, su sabiduría contiene las notas de la mejor canción; pensaré siempre en el desamparado, todos tenemos un niño que ha mendigado amor en algún momento; me apasionaré haciendo lo que sea que haga, no pienso desperdiciar un instante de mi tiempo; disfrutaré mi soledad solo para pensar como borrar la tuya; caminaré en la tormenta para saber quien soy y a cada paso que de, la lluvia se hará más fina; viviré el Ahora, ¿es que acaso tenemos otra cosa?; admiraré tu rostro cuando tus ojos se iluminen, y cuando se nublen, sin un ápice de duda, te abrazaré; daré siempre lo mejor de mi, no importa si los demás no sienten que amar es la única forma que tengo de vivir mi vida, porque yo se cual es mi intención; me impregnaré del perfume de la rosa, y si me pincho al cogerla entre mis manos agradeceré el dolor que me produce, porque sabré que es la forma de entender al que le duele; vibraré al son de la música de un piano, ese maravilloso sonido que está compuesto tan solo por el amor; sublimaré la vida, porque pienso morir enamorada de ella; miraré el mundo desde los ojos del que sabe que todo aquel que habita en él merece lo mejor, sin cristales que opaquen mi mirada. Quiero ver la vida con mis gafas nuevas, esas que son del color del Arco Iris…”

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