ESCALADA AL CERO

Y LA VI… (CAP. 10)

Y la vi… estaba allí, deseando VIVIR sin saber como, deseando volar sin alas y cantar sin voz. La vi… era mágica… ella y el mundo en sus manos. Sola, diminuta a la vez que eterna. Me miró y sonrió ilusionada, una lágrima recorrió su rostro a la vez que brillaban sus ojos, y quiso soñar, como sueñan los niños… Y soñó que atravesaba montañas y ríos, mares y desiertos, descalza, desnuda, con el sol y la luna como compañeros inseparables en su locura, con el viento como combustible y la brisa como alimento, con la noche y el día de la mano, la Pasión y la Fe como hermanos y el Amor y la Esperanza como padre y madre, y creó su historia, la historia más bella que su alma pudo imaginar. Y su corazón valiente latió con fuerza en un pecho deseoso de amar y ser amado, con cabida para todo ser viviente. Y logró salir de viaje y regresar a sí misma, porque ese era su único destino, un poco cansada, un poco más curtida, con más años, con alguna herida, pero sobretodo más liviana, más ligera de equipaje que en su partida, abandonándose al descanso para proseguir camino, el de sus pasos… sabiéndose, sintiéndose más parte de todo que nunca y más en sí misma que jamás, con la mirada al frente y el corazón dispuesto como siempre.

Foto de Alexey Demidov en Pexels

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