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EL JUEZ INTERNO (CAP. 12)

He trabajado la culpa, he trabajado el diálogo interno, la autoimagen, el autoconcepto, el autosaboteo y a pesar de todo, en estos dos últimos días, he estado sintiendo un juicio imparable y una culpa que se me salía por los poros, por no decir por las orejas; sentía una culpa castigadora en sí misma hasta por respirar.
Ayer estuve buscando y encontré cosas acerca de la culpa obsesiva, repetitiva, una culpa sin sentido y sin motivo que nos asalta, incluso en los momentos de tranquilidad, como castigo a un arrastre de culpa que llevamos a cuestas y nos aleja del bienestar y la felicidad; también sobre la culpa neurótica donde uno se culpa sin ni siquiera haber cometido los actos que se atribuye o por pensar simplemente en llevar a cabo un deseo aunque no se cumpla, una locura vamos…

Ayer dejé de sentirla con tanta intensidad cuando dejé de luchar, pero ahí está, asfixiándome de nuevo y son las 5 de la madrugada.
A pesar de callar a mi juez interno, él seguía ahí agazapado en la sombra, pude dejar de juzgarme a nivel consciente pero a nivel inconsciente seguía ejerciendo y en estos dos días a gritos. Se habla del juez interno como un enemigo, pero en realidad no lo es, al menos para mí, simplemente es un automatismo creado, no hay una intención por su parte, es un sistema que dicta sentencia, nos aleja de la inocencia y nos lleva al castigo porque su veredicto siempre es ‘culpable’, nada más, así de sencillo y así de autodestructivo.

Estuve leyendo sobre ‘Profecías Autocumplidas’, me habían hablado de ellas, a diferencia de las ‘Creencias Limitantes’ que para mi son etiquetas mucho más inconscientes y creadas por las experiencias, las profecías son más conscientes y son etiquetas impuestas, si por ejemplo tus padres o tu profesor opinan algo sobre ti cuando eres niño y tú te lo crees, posiblemente seas así el resto de tu vida aunque luches para no serlo. También creo que a veces uno no cree lo que dice el otro, pero si se siente culpable por ello, esa culpa tiene el mismo efecto o más, porque la culpa siempre lleva de la mano el castigo y nos hace vibrar en una frecuencia que nos hace atraer personas y situaciones que confirmen esa culpa que estamos sintiendo y que la profecía se cumpla. Esto también puede suceder interiormente, quizás tu no sientes culpa por algo, pero el juez te declara culpable gracias al testimonio de una parte de ti que se siente víctima de ti mismo y que también vive en la sombra, doy fe de ello.

El ser humano tiene un sistema de recompensa/castigo, el sistema reticular, creo que ya te hablé de él, este está directamente relacionado con nuestro prefrontal, que es la zona del cerebro dónde tomamos las decisiones, si el juez interno dicta sentencia de culpabilidad todo el tiempo, nuestras decisiones las tomará él, anulando nuestra voluntad, y además de dirigirnos al castigo, su veredicto constante nos llevará a un bucle de culpa que se retroalimentará por sí misma, pudiendo causarnos un gran sufrimiento porque la culpa duele y puede llegar a torturar, además de mantenernos en un constante autorechazo.

Ayer le vi la cara a mi juez, instalarse un tiempito en la sombra tiene sus ventajas, puedes conocer a tus vecinos. Mi juez interno, que por cierto es implacable, es producto de una espiritualidad mal sabida, nace del miedo al juicio, de la represión del mismo, ayer entendí porqué hiciese lo que hiciese me sentía culpable; como seres humanos el juicio es necesario, gracias a él no estamos en la Prehistoria o en las Cruzadas, al igual que la culpa, tiene su cometido en nuestra historia como especie, en nuestra evolución; la culpa sirve para no dañar ni a los demás, ni a nosotros mismos, el juicio sirve para poner límites, para saber decir No y para frenar actos dañinos entre nosotros; por mucho que seamos espíritu, somos animales terrenos en esta experiencia humana, tenemos un cuerpo y una individualidad que nos separa.
En mi caso, además de que un juicio sano sea necesario para nuestra supervivencia y evolución, soy juez por naturaleza, la naturaleza triplemente sagitariana es ley y orden y no puedo negar esa parte de mi, cosa que he estado intentando hacer desde que mi Ego Espiritual Disfuncional tomó el mando ¿ y que ha ocurrido? que tanto si actuaba desde mi vieja línea temporal basada en el miedo, que juzga permitirme ‘Ser’, como si lo hacía desde la nueva basada en el amor, o al menos así lo creía yo, el juez le daba al martillo constantemente y el veredicto siempre era el mismo: culpable. Culpable por ‘Ser’, pero también por juzgar, porque en esa espiritualidad mal entendida, el otro también soy yo; culpable por decir No al otro, porque el otro también soy yo… y el otro no soy yo aquí y ahora en la Tierra, el otro tiene libre albedrío y poder de decisión desde su personalidad, tiene voluntad propia al igual que yo y sus elecciones no dependen de mi. No se si te comenté, tengo la cabeza muy espesa últimamente jeje, que en ‘El plan de tu alma’ explica que incluso si dos almas han hecho un pacto antes de encarnar, puede pasar que la personalidad no cumpla lo pactado, una vez encarnados el libre albedrío es cosa nuestra, de cada uno. Y es cierto que vivimos un momento en el que se juzga alegremente, pero irse al otro extremo es perjudicial para uno mismo, hoy vuelvo a ver que lo más favorable es el camino medio como sabiamente decía Buda.

El caso es que ahora que he conocido a mi vecino, cuando él dicte sentencia, yo dictaré la mía: Inocente, aceptaré la suya solamente cuando yo tenga malas intenciones y a día de hoy no recuerdo haber tenido malas intenciones nunca, así que suelto la culpa y la cadena perpetua que llevaba porque no hacen justicia, 22 años en la cárcel son suficientes para no haber cometido ningún delito.

Caso cerrado jaja. (Aunque sé que no será tan sencillo desmontar todo esto jeje)

Foto de Ron Lach en Pexels

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