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MI PEQUEÑA GOLONDRINA (CAP. 6)

Según el calendario Maya el 25 de julio es el día del ‘No tiempo’, el año comienza el 26 de julio y termina el 24 de julio, así que cada 25 de julio es un día fuera del tiempo, un día para meditar y ser consciente de lo vivido y empezar el nuevo ciclo que se vuelve a abrir. Mi pequeña golondrina me quiso acompañar en mi día del ‘No tiempo’; con ella medité y contemplé en compañía durante todo el día y de madrugada se fue igual que había venido la madrugada anterior, solo que está vez voló con las alas del alma.

Me cuesta no sentir culpa y sí gratitud, me cuesta no estar triste y sentir la dulzura que su ser me devolvió, me cuesta no estar seria y sentir alegría en el corazón, pero en lo más profundo siento que ese ha sido su regalo, venir a decirme que jamás nada le reste espacio a la ternura.

Lo que más me duele es que finalmente no haya podido surcar los cielos, me duele la impotencia de no saber cuidarla como necesitaba, abrazo el perdón que su esencia me trae a través de otra golondrina que acaba de entrar por mi ventana y entiendo que no soy una golondrina aunque tuviese las mejores intenciones.

Sonrió, otra golondrina a vuelto a entrar para decirme que todo es perfecto aunque a mí me parezca una tragedia.

Gracias por venir a endulzar mi vida con tu magia, gracias por irte para sentir el frío que quedaba en lo más hondo de mis latidos; siento no haber sido suficiente, siento no haberme dado cuenta de que necesitabas más calor, me apena la soledad de tus últimos instantes, no supe hacerlo de otro modo… Siento que hayas tenido que venir para irte tan pronto, pero agradezco tu amor, trae libertad a mis memorias, en este día de ‘No tiempo’ se movieron muchas cosas, fue un día de grandes comprensiones, aunque tenía la esperanza de un final mejor para tí y eso me llena de llanto amargo.

Culpa, vergüenza, melancolía, tristeza, impotencia, arrepentimiento… transformadas alquimicamente en ternura gracias a tu recuerdo.

Vuela pequeña golondrina, ángel bello del cielo, vuela con tus alas dulces llenas del amor de mi pecho, ahí vivirás siempre aunque no haya sabido hacerlo mejor… Vuela alto, te envío una sonrisa tierna, porque tu alma, que es la mía, vuelve a decirme que todo es perfecto.

Foto de Olga Jiménez García

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