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CERTEZA ESPIRITUAL (CAP. 7)

En mi vida he sentido dos despertares espirituales significativos.

Mi primer despertar, tras comenzar a meditar, fue tan intenso que me costó entender qué estaba pasando. Sentía cosas que no podía ver, ni explicar, ni comprobar. Lo que sí vi con claridad es que mi consciencia se amplió y empecé a percibir la realidad de una manera mucho más profunda.

Sentí que había algo superior a mí, que había conectado con mi alma y que esta me guiaba para mejorar, pero de alguna manera sentí que había cierta obediencia en ello, y eso lo sentí como una certeza.

Hoy entiendo que fue así porque era todo demasiado caótico y, de no haberlo sentido como una certeza, me hubiese perdido en mí misma, necesitaba creer que era cierto para poder sostener aquella experiencia.

Con el tiempo llegó un segundo despertar y mi consciencia se amplió todavía más, ahí me di cuenta de que el primero, además de la intuición de mi alma y de los dones que mi ser me mostró, estaba teñido de mis heridas de infancia y adolescencia, lo cual influía en mi percepción de los demás, puesto que proyectaba para sanar, liberarme y crecer.

En ese segundo despertar cambió algo fundamental, ya no sentía que mi alma tuviera que guiarme y ya no sentía aquella necesidad de obediencia. Esta vez la sentía encarnada en mí, sentí como si esa parte mucho más profunda y amplia de mí misma se integrara en mí. Sentí que mi voluntad estaba a mi total disposición y que mi experiencia vital dependía únicamente de mí, ya no había obligación, ya no había señales que seguir, y si el caos volvía, lo podía sostener.

Con esa comprensión se cayó la necesidad de aquella certeza inicial. Y aunque me sentí pequeña y sola ante la inmensidad de la experiencia, también se cayó un cierto victimismo que se había creado ante mi propia espiritualidad, siendo sustituido por una libertad indescriptible.

Hoy siento que puedo pensar, sentir, cuestionar, decidir y elegir y que también puedo equivocarme. Hoy vivo mi espiritualidad desde otro lugar mucho más ligero y real. Además de sentirme parte del Todo, que somos todos, hoy también siento que la vivo desde la simplicidad de lo humano.

Foto de Elizabeth Zernetska en Pexels

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