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ENTENDIENDO LA DUALIDAD (CAP. 7)

Ayer entendí la dualidad del ser humano desde un lugar distinto que resonó en mí con mucha certeza.

Qué tenemos un plano animal lo tenía claro, un animal con raciocinio, creatividad y el poder de elección ante nuestras acciones, cuya intención marca la diferencia.
Qué podemos acceder a planos superiores a través de la meditación y la conexión con nuestro interior y ser conscientes de que a nivel energético estamos todos unidos a todos y a todo, también lo tenía claro.

Hoy no veo la dualidad como luz y oscuridad, como tal vez un día podía contemplarla, hoy veo y comprendo la dualidad como la unión de ese ser con naturaleza animal que somos, con ese ser, que también somos, que va más allá de lo racional y toca lo universal, con aquel que roza lo divino desde esa racionalidad que lo hace consciente.

Siempre digo que un pájaro es un pájaro y un león es un león, su espíritu animal y su alma están unidos y no son ni buenos ni malos, solo son, pero ¿qué pasa con nosotros? Creo en el plan del alma, ella siempre va a elegir el mejor plan que podemos vivir como personas, aunque luego en la tierra nuestro animal quiera ante todo sobrevivir y la personalidad se pueda ver muy afectada por las circunstancias que vivimos y tal vez no logré alcanzar ese plan que el alma creó en amor; así que de nosotros depende, podemos decantarnos por el animal que quiere sobrevivir, a veces a toda costa, decantarnos por el ser esencial y altruista que a veces se olvida de sí mismo en pos de los demás, o ahondar en nosotros mismos para encontrar un equilibrio entre nuestras dos partes y que ambas estén en armonía.

Soy sagitariana, muy sagitario en toda mi carta, mi naturaleza tiene una dualidad muy extrema, tal vez por eso he podido sentir muy claramente mi dualidad y llevar esos dos extremos hacia el camino medio y también comprender a ambos, amo mi naturaleza animal y terrena, también amo mi parte más mística que busca elevarse en unión con el resto de seres humanos, y hoy siento que ambas partes caminan de la mano.

Hoy desde una visión más amplia, puedo comprender porqué nuestro cuerpo guarda la memoria de quién somos, como defiende la Kinesiología; nuestro cuerpo animal, igual que un pájaro es un pájaro y un león es un león, sabe quienes somos en esencia, nuestro cuerpo integra la dualidad del ser que somos aunque los condicionamientos de nuestra mente nos alejen de nosotros mismos; esos condicionamientos son los que pueden llevar al animal que somos a sobrevivir a toda costa, aunque sea egoísta, y al ser que quiere elevarse, a olvidarse de sí mismo si no hallamos el camino medio.
Desde esa visión más amplia del águila, que hoy me acompaña, también estoy comprendiendo muchas más cosas, pero eso ya en otro momento.

Albert Einstein dijo que el calor y la luz son creaciones y son medibles, que el frío y la oscuridad son simplemente la ausencia de ellos; y refiriéndose al mal dijo esto después de que un profesor lanzase la pregunta: ¿Dios creó todo lo que existe?
«El mal no existe, señor, o al menos no existe por si mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios. Dios no creó al mal. No es como la fe o el amor, que existen como existe el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.»

Así que para mí el bien y el mal son otra historia distinta al ser dual que somos y dependen de cada uno, de nuestras decisiones, elecciones y acciones, en ellas reside el libre albedrío de nuestro ser esencial natural que puede estar equilibrado, desequilibrado o muy desequilibrado.

Foto de Frans van Heerden en Pexels

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